
Por amor a su mujer, Nebuchadnezzar II, rey de Mesopotamia, mandó construir alrededor del siglo VI A.C. en su palacio a orillas del río Eufrates una de las siete maravillas del mundo, los jardines más bellos jamás creados, los Jardines Colgantes de Babilonia.
Formados por un impresionante complejo arquitectónico de terrazas a varios niveles soportadas por inmensas columnas de piedra y escaleras ascendiendo hasta la cúspide. Un ingenioso entramado de canalizaciones llevaba el agua a los pisos superiores y, a partir de éstos, iban regándose los demás de tal manera que todos los pisos estaban siempre exhuberantes de vegetación que colgaba de las terrazas formando una cascada multicolor de hojas, flores y frutos. Una obra de arte y de ingeniería, de esplendor y lujo, cantada por los historiadores griegos muchos siglos después de su construcción y que ha llegado hasta nuestros días transformando nuestra conciencia colectiva, formando aquello que hemos dado en llamar cultura clásica.
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