| Mucha tristeza nunca le humilló
pero temía el hondo pozo oscuro que él envolvió en sus aguas cenagosas. Mucho haloperidol; pinchazos de antabús probó electroterapia veinte veces y salió disparado hacia una vida que ahora ya no recuerda: quince años hasta que llegó el litio: quince años perjudicando a todos los que amaba pues gastó su dinero y el ajeno en alcohol en viajes y en delirios. Pero el litio llegó y está en su sangre y ahora es su compañero de por vida hasta la oscuridad o la luz total. José Agustín Goytisolo. De Las horas quemadas (Lumen, 1996). |