LA
VIDA ES BELLA: EL HUMOR ES MÁS FUERTE QUE LA MUERTE
Fellini y Chaplin
se dan la mano en el último trabajo de Roberto Benigni: atrevido
retrato del Holocausto que se osa a mirar el genocidio sin victimismo y
hacer comedia negra con un tema que trae cola. El cómico ya era
conocido en Italia desde hace tiempo en su doble faceta de director y actor
("Johnny Palillo", "Yo soy un pequeño diablo", "El monstruo"). Fuera
de su país se le conocía más por sus interpretaciones
en películas ajenas: "Noche en la Tierra" o "Bajo el peso de la
ley" de Jim Jarmusch; "Busco asilo" de Marco Ferreri, o "La
voz de la Luna" (el testamento fílmico de Federico Fellini).
A partir de ahora será recordado como el director de "La vida es
bella", ganadora del Premio del Jurado en el pasado Festival de Cine de
Cannes.
Guido Orefice es un joven judío lleno de ilusiones que aterriza
en un pueblecito cuando los fascistas están ganando poder en Italia,
tiene la intención de abrir una librería, aunque sólo
encuentra trabajo de camarero en el hotel de su tío. Nada más
llegar conoce a la joven Dora y se enamora perdidamente de ella. Para seducirla
será capaz de cualquier locura, incluso secuestrarla el mismo día
en que un simpatizante de los fascistas anunciaba públicamente su
compromiso con ella. Guido es un tipo con muchos recursos, conseguirá
casarse con ella, tendrán un hijo, Giosué, y la preciada
librería... pero la pareja se ha ganado enemigos y el niño
crecerá en un entorno de odio racial: los fascistas les agreden,
vetan los negocios, no les dejan entrar en los comercios,...
Guido se inventa
imaginativas historias y cuentos para hacer creer al niño que la
persecución de la que son víctimas es un juego en el que
participa todo el pueblo. Pero no será tan fácil engañar
a Giosué cuando toda la familia sea encerrada en un campo de exterminio
nazi.
Lo que empieza
como una imaginativa comedia costumbrista y romántica se convierte
de golpe y porrazo en un implacable manual de supervivencia al infierno.
Si en la primera mitad de la película, Benigni utiliza todo recurso
a su alcance para seducir a Dora, en su segunda parte no escatima esfuerzos
para hacer creer a su hijo que la guerra y el mismo genocidio no existen,
sino que son una suerte de gincama maratoniana.
Un tour de force de guión que el inspirado Benigni soluciona
con escenas delirantes (en una de ellas Benigni traduce el ininteligible
discurso de un oficial alemán ante los demás prisioneros
y su hijo, improvisando las palabras y convirtiéndolas en las instrucciones
de una competición absurda). A medida que la situación en
el campo de concentración se vuelve más desesperada, el humor
de Benigni deviene más amarga, llegando a poner en escena gags y
chistes que, sin perder el ternuristas predominante, pueden sorprender
por su atrevimiento. Desde luego "La vida es bella" no es una parodia,
su comicidad no es un instrumento de desmitificación sino la única
arma de la que se dispone cuando uno se enfrenta a la muerte.
Allí donde se ha exhibido ha topado con las mismas acusaciones por
parte de los mismos colectivos: asociaciones judaicas se sentían
heridas por la forma en que Benigni retrataba el Holocausto nazi, por fomentar
el olvido de una tragedia humana, por reirse del genocidio,... "La vida
es bella" contrapone el judaismo victimista que vive en el recuerdo del
dolor, con otro judaismo optimista que prefiere mirar el futuro con esperanza.
Nada más sencillo, nada más atrevido...
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