Historias del señor
Keuner de Bertold Brecht
Aqui encotrareis unos cuantos fragmentos
del libro antes mencionado, a mi realmente me han gustado especialmente
los 4 fragmentos que hay a continuación, el resto los he puesto
por si os gustan a vosotros/as.
Maikel 13 de agosto de 1999.
Patriotismo: odiar las patrias
El señor K. no consideraba necesario
vivir en un país determinado. Decía:
-En cualquier parte puedo morirme de hambre.
Pero un día en que pasaba por una
ciudad ocupada por el enemigo del país en que vivía, se topó
con un oficial del enemigo, que le obligó a bajar de la acera. Tras
hacer lo que se le ordenaba, el señor K. se dio cuenta de que estaba
furioso con aquel hombre, y no sólo con aquel hombre, sino que lo
estaba mucho más con el país al que pertenecía aquel
hombre, hasta el punto que deseaba que un terremoto lo borrase de las superficie
de la tierra. "¿Por qué razón -se preguntó
el señor K.- me convertí por un instante en un nacionalista?
Porque me topé con un nacionalista. Por eso es preciso extirpar
la estupidez, pues vuelve estúpidos a quienes se cruzan con ella."
La pregunta sobre la existencia
de Dios
Alguien le preguntó al señor
K. si Dios existía. El señor K. le dijo: "Te aconsejo que
reflexiones si la respuesta a esa pregunta afectaría a tu comportamiento.
Si no lo hiciera, podemos olvidarnos de la pregunta. Si lo hiciera, puedo
ayudarte como mínimo diciéndote que ya has decidido: tú
necesitas un Dios."
Dos ciudades
El señor K. prefería la ciudad
B. a la ciudad A. "En la ciudad A. -decía- se me quiere; pero en
la ciudad B. me tratan con amabilidad. En la ciudad A. todos procuran serme
útiles; pero en la ciudad B. me necesitaban. En la ciudad A. me
invitaban a la mesa; en la ciudad B. me invitaban a la cocina."
Forma y sustancia
El señor K. contemplaba un día
una pintura que representaba ciertos objetos bastante caprichosamente.
-A algunos pintores -dijo- les ocurre lo
mismo que a muchos filósofos cuando contemplan el mundo. Tanto se
preocupan por la forma que se olvidan de la sustancia. En cierta ocasión,
un jardinero con el que trabajaba me dió una podadora con el encargo
de que recortase un arbusto de laurel. El arbusto estaba plantado en un
macetón y se empleaba en las fiestas como elemento decorativo. Había
que darle forma esférica. Comencé por podar las ramas más
largas, mas por mucho que me esforzaba en darle la forma apetecida, no
conseguía ni siquiera aproximarme. Una vez me excedía en
los cortes por un lado; otra vez, por el lado opuesto. Cuando por fin obtuve
una esfera, resultó demasiado pequeña. El jardinero me comentó
decepcionado: "Muy bien, la esfera ya la veo, pero ¿dónde
está el laurel?".
El elogio
Al enterarse de que sus antiguos pupilos
le elogiaban, comentó el señor K.:
-Cuando los discípulos ya hace tiempo
que olvidaron los errores de su maestro, éste aún los recuerda.
Espera
El señor K. estuvo esperando algo
todo un día, luego una semana y por fin un mes entero. Al fin se
dijo: "Podría haber esperado perfectamente un mes, pero no ese día
ni esa semana".
Preguntas convincentes
-He observado -dijo el señor K.- que
mucha gente se aleja, intimidada, de nuetra doctrina por la sencilla razón
de que tenemos respuestas para todo. ¿no sería conveniente
que, en interés de la propaganda, elaborásemos una lista
de los problemas para los que aún no hemos encontrado solución?
Afrenta soportable
Alguin acusó a un colaborador del
señor K. de adoptar una actitud hostil haci éste.
-Sí, pero sólo a mis espaldas
-dijo el señor K., defendiéndole.
El reencuentro
Un hombre que hacía mucho tiempo que
no veía al señor K. le saludó con estas palabras:
-No ha cambiado usted nada.
-¡Oh! -exclamó el señor
K., empalideciendo.
Exito
Al ver pasar a una actriz, el señor
K. comentó:
-Es hermosa.
Su acompañante dijo:
-Ha tenido éxito últimamente
gracias a su belleza.
-Es hermosa gracias a que ha tenido éxito
-replicó, irritado, el señor K.
Cada vez que el señor
K. amaba a alguien
-¿Qué hace usted -preguntaron
un día al señor K.- cuando ama a alguien?
-Hago un bosquejo de esa persona -respondió
el señor K.- y procuro que se le asemeje lo más posible.
-¿El bosquejo?
-No -contestó el señor K.-.
La persona.
Organización
El señor K. dijo en cierta ocasión:
-El que piensa no emplea una luz de más,
un pedazo de pan de más, un pensamiento de más.
Esfuerzo de los mejores
"¿En qué trabaja?", le preguntaron
al señor K. El señor K. respondió: "Estoy muy atareado.
Preparo mi próximo error."
El reencuentro
Un hombre que no había visto al señor
K. desde hacía años le saludó diciendo: "¡No
ha cambiado usted en absoluto!" "¡Oh!", dijo el señor K. y
palideció.
Sobre la traición
¿Deben cumplirse las promesas?
¿Deben hacerse promesas? Donde hacen
falta promesas reina el desorden. Pues debe ponerse orden: el ser humano
no puedeprometer nada. ¿Qué le promete el brazo a la cabeza?
Que seguirá siendo brazo y no se convertirá en pie, pues
cada siete años es un brazo diferente. Cuando una persona traiciona
a otra, ¿ha traicionado a la misma a quien le había hecho
la promesa? En cuanto la persona que recibe la promesa va cambiando y tiene
siempre una relación diferente con la primera, ¿cómo
se le puede cumplir una promesa que se hizo a otra persona? Quien piensa
traiciona. Quien piensa no promete nada.
Sólo promete que no dejará
de pensar.
Sobre los sistemas
"Muchos errores provienen de que se interrumpe
muy poco o nada a los oradores." dijo el señor K. "Así se
forma fácilmente una totalidad engañosa que, por ser completa,
cosa que nadie duda, parece ser válida en todos sus elementos, aunque
éstos sólo sean válidos en relación al total.
Muchos problemas surgen y se mantienen porque,
después de eliminar costumbres dañinas, se ofrecen continuamente
sucedáneos a la adicción, que aún dura. El placer
mismo crea la adicción. Para explicarlo con una imagen: para esa
gente que necesita estar siempre sentada, porque es débil, deberíamos
construir en invierno bancos de nieve que, en primavera, cuando los jóvenes
se hayan fortalecido y los viejos hayan muerto, desaparezcan por sí
solos y sin esfuerzo." |