Ciencia
y tecnología: avances y retrocesos
Este
siglo ha traído nuevos descubrimientos para prolongar la vida, pero
también para destruirla
CARL SAGAN
(Artículo publicado
en el diario "EL PAÍS" el 19-5-96 , meses antes de su muerte.)
El siglo XX será
recordado por tres grandes innovaciones: unos medios de salvar, prolongar
y mejorar la vida sin precedentes; unos medios, también sin precedentes,
para destruir esas vidas que se trata de salvaguardar, que incluyen, por
primera vez el riesgo de desaparición de toda la civilización
mundial; y un conocimiento, igualmente sin precedentes, de nosotros mismos
y del universo que nos rodea. Estos tres formidables desarrollos han sido
posibles por la ciencia y la tecnología, una espada con dos filos.
Salvar, prolongar
y mejorar la vida humana.
Hasta hace unos
diez mil años, con la invención de la agricultura y la domesticación
de animales, la comida para consumo humano se limitaba a frutas y verduras,
que crecían espontáneamente en el medio natural, y a la caza.
Pero la dispersión de los frutos naturales era tal que la Tierra
no podía alimentar más que a unos diez millones de habitantes.
Por contraste, al final del siglo XX habrá seis mil millones de
habitantes, lo que quiere decir que el 99% de nosotros debemos nuestra
existencia a la tecnología agrícola y a la ciencia, que conlleva
factorías, genética animal, conductas, fertilizantes químicos,
pesticidas, preservativos y nuevos sistemas de arado que se combinan con
irrigación y refrigeración en contenedores, trenes especialmente
acondicionados, almacenes y medios de conservación en los hogares.
Muchos de los más espectaculares avances en tecnología agrícola,
incluyendo la revolución verde, se han conseguido en este
siglo.
Mediante el saneamiento
urbano y rural, agua potable y otras medidas de limpieza, la aceptación
de la teoría de los gérmenes como productores de enfermedades,
los antibióticos y otros fármacos, la biología genética
y molecular, la ciencia médica ha mejorado notablemente la salud
y el bienestar de la gente en todo el mundo, pero especialmente en los
países desarrollados. La viruela ha sido erradicada a nivel mundial,
la zona de la Tierra donde predomina la malaria se reduce año tras
año, y las enfermedades que yo recuerdo de mi niñez, como
la tos ferina, sarampión y polio, casi han desaparecido en nuestros
días.
Entre las más
importantes invenciones del siglo XX están los relativamente baratos
métodos de control de la natalidad, que, por primera vez, permiten
a las mujeres mantener un control seguro en su destino reproductivo y ayudan
a la emancipación de la mitad de la especie humana. Estos métodos
permiten un marcado descenso en el peligroso incremento de la población
en muchos países sin requerir una opresiva restricción de
la actividad sexual. También es cierto que la química y la
radiación que producen nuestra tecnología ha inducido enfermedades
nuevas y que tienen incidencia en la provocación del cáncer.
La proliferación de cigarrillos a nivel mundial lleva a estimar
que se producen por esta causa tres millones de muertes al año,
todas ellas, naturalmente, evitables. La Organización Mundial de
la Salud estima que para el año 2020 el número de estas muertes
de fumadores llegará a ser de diez millones al año.
Pero la tecnología
nos ha dado mucho más de lo que nos quita. El signo más elocuente
de esto es que la expectativa de vida en Estados Unidos y Europa Occidental
en 1901 era de 45 años, mientras que hoy se aproxima a los 80, un
poco más para las mujeres y un poco menos para los hombres. La expectativa
de vida es, probablemente, el más efectivo indicador individual
de la calidad de vida, porque si uno está muerto ciertamente que
no lo está pasando nada bien. Dicho esto, todavía existen
mil millones de nosotros sin una alimentación adecuada, y 40.000
niños mueren diariamente por falta de asistencia y alimentos en
nuestro planeta.
Por medio de la
radio, la televisión, los magnetófonos, discos compactos,
teléfonos, faxes y las redes de información por ordenadores,
la tecnología ha cambiado drásticamente la cara de la cultura
popular. Ha hecho posible los pros y los contras del entretenimiento a
nivel mundial, de las corporaciones multinacionales sin lealtad a ningún
país determinado o grupos afines transnacionales y con un acceso
directo a los puntos de vista políticos y religiosos de otras culturas.
Como vimos en la muy atenuada rebelión de la plaza de Tiananmen
y la de la Casa Blanca en Moscú, los faxes, teléfonos
y redes de ordenadores pueden ser poderosas herramientas para los levantamientos
políticos.
La masiva introducción
en el mercado en los años cuarenta de los libros de bolsillo trajo
la literatura mundial y la personalidad de los grandes pensadores pasados
y presentes de la vida cotidiana de cada ciudadano. Incluso cuando el precio
de estos libros se ha incrementado actualmente, todavía se dispone
de grandes ofertas, como los clásicos de Dover Books, a un dólar
por volumen. Junto al progreso cultural, esas corrientes son las aliadas
de la democracia jeffersoniana. Sin embargo, lo que pasa por alfabetización
en Norteamérica a finales de siglo XX es un conocimiento muy rudimentario
de la lengua inglesa, porque la televisión, en particular, aparta
a la masa ordinaria de la lectura de libros. En orden a la consecución
de grandes audiencias, la televisión se ha rebajado al nivel de
programas de bajo relieve cultural, en vez de tratar de enseñar
e inspirar a sus telespectadores.
Desde sujetapapeles,
bandas de goma, secadores de pelo, bolígrafos, lápices, ordenadores,
máquinas para dictar y copiar, batidoras eléctricas, microondas,
aspiradoras, máquinas de lavar vajillas y ropa, secadores, enorme
despliegue de luces interiores y exteriores, hasta automóviles,
aviones, maquinaria de herramienta, estaciones hidroeléctricas,
fábricas de producción en línea y un masivo equipo
de construcción, la tecnología de nuestro siglo ha eliminado
el trabajo penoso y ha creado más tiempo para recreo, alegrando
la vida de mucha gente. También cabe apuntar en el haber de la tecnología
el fin de muchas rutinas y comportamientos que existían en 1901.
El uso de la tecnología
como salvadora de vidas difiere de un país a otro. Estados Unidos,
por ejemplo, tiene el mayor índice de mortalidad infantil de los
países industrializados. Hay más jóvenes negros en
la cárcel que en las escuelas. Sus estudiantes siguen una rutina
de aprendizaje con pobres resultados en ciencias generales y matemáticas,
si se les compara con estudiantes de la misma edad en otros países.
La disparidad de los ingresos reales entre ricos y pobres y el declive
de la clase media ha ido aumentándose marcadamente en los últimos
15 años. La alta tecnología industrial ha ido abandonando
las tierras norteamericanas, por lo que después de liderar el mundo
en casi todos los aspectos hacia la mitad de siglo, existen al final de
él signos de declive en los Estados Unidos. La calidad del liderazgo
tiene mucho que ver con esto, pero también puede deberse a la disminución
de la capacidad crítica en materia política de los ciudadanos.
Tecnología totalitaria
Los medios para hacer la guerra,
para realizar matanzas en masa y para la aniquilación de pueblos
enteros han alcanzado niveles sin precedentes en el siglo XX. En 1901 no
había aviones militares, ni misiles, y la más poderosa artillería
sólo podía alcanzar unas cuantas millas y matar a un puñado
de personas. En el segundo tercio del siglo se habían acumulado
unas 70.000 armas nucleares. Muchas de ellas se acoplaban en cohetes estratégicos
que las lanzaban desde silos o desde submarinos, con una autonomía
capaz de alcanzar virtualmente cualquier rincón del mundo, siendo
cada cabeza nuclear suficiente para destruir por entero una gran ciudad.
Hoy, estados Unidos y la antigua Unión Soviética se encuentran
en el proceso de una gran reducción del armamento nuclear, tanto
en cabezas como en sistemas de lanzamiento. Pero, aunque todos esos tratados
-que aún no están ratificados- se observan escrupulosamente,
tanto Estados Unidos como Rusia tendrán todavía poder nuclear
suficiente como para destruir toda nuestra civilización y, quizá,
la especie humana. Otros formidables arsenales nucleares están en
posesión del reino Unido, Francia, China e Israel, con Pakistán,
India y muchas otras naciones capaces de disponer de armas nucleares a
corto plazo.
Por añadidura,
las horrendas armas químicas y biológicas están en
muchas manos, y no todas responsables, en el mundo. En un siglo agitado
por el fanatismo, radicalismo ideológico y líderes locos,
esta acumulación de armas letales no se compagina bien con un plácido
futuro para la humanidad. Más de 150 millones de personas han muerto
durante el presente siglo en guerras o depuraciones bajo órdenes
directas de líderes nacionales.
Nuestra tecnología
ha llegado a ser tan poderosa que no solamente a propósito, sino
inadvertidamente, podemos alterar el medio ambiente en una gran escala
y amenazar a muchas especies sobre la Tierra, incluida la nuestra. Los
gases contaminantes y los compuestos de bromina atacan peligrosamente la
protectora capa de ozono. La quema de combustibles fósiles produce
un calentamiento global que amenaza con adquirir peligrosas proporciones
para el final del siglo próximo. Destruimos un acre de floresta
cada segundo, y con ello exterminamos cada día la vida de muchas
especies. Además, acumulamos letales residuos radiactivos y químicos
que contribuyen a la lluvia ácida, y es probable que haya otros
ataques de nuestra tecnología al medio ambiente que por ahora desconocemos
y de los que, por tanto, somos ignorantes. El simple factor es que estamos
realizando experimentos sin precedentes sobre el medio ambiente con la
sola esperanza de que los problemas que causen puedan ser solventados por
sí mismos, fiándonos de la sabiduría de la naturaleza.
La única nota positiva y brillante es el Protocolo de Montreal y
los subsiguientes acuerdos internacionales, en los que las naciones industrializadas
se comprometen a la reducción paulatina, hasta su desaparición,
de la producción de sustancias contaminantes que puedan atacar a
la capa de ozono. Pero la reducción de las emisiones de bióxido
de carbono a la atmósfera y la solución a los problemas de
la acumulación de residuos químicos y radiactivos, así
como otros del orden ambiental, han tenido un lento progreso hasta ahora,
lo que lleva a desconfiar de su pronta erradicación.
Venganzas étnicas
y xenofóbicas han tenido lugar en cada continente, y se han producido
intentos de aniquilación de grupos étnicos enteros, siendo
los más notables en la Alemania nazi, pero no menos importantes
en Ruanda, la antigua Yugoslavia y en muchas otras partes. A través
de la historia de la humanidad han existido tendencias similares, pero
sólo el siglo XX ha dispuesto de la tecnología necesaria
para acometer las matanzas en masa. Los bombardeos estratégicos,
los misiles y la artillería de largo alcance tienen la ventaja
de que los combatientes en una guerra no han de llegar a enfrentarse cara
a cara, con la agonía que esto representa en sus temores y remordimientos.
Sus conciencias no se turban porque la tecnología hace su trabajo.
El presupuesto militar mundial al final de siglo es cercano al billón
de dólares, y ante esto ha de pensarse cuántos alimentos
y artículos de primera necesidad podrían comprarse para grandes
sectores de gente necesitada con tan sólo una fracción de
esa cifra.
El siglo XX ha
estado marcado por el colapso de monarquías e imperios y el alza
de democracias, al menos nominales, así como numerosas dictaduras
ideológicas y militares. Los nazis tenían una lista de gentes
reprobables condenadas a un exterminio sistemático: judíos,
homosexuales, lesbianas, socialistas y comunistas, disminuidos físicos
y mentales y personas originarias de África (que casi no existían
en Alemania). En el régimen militar pro vida de los nazis,
las mujeres estaban relegadas a kinder, küche, kirchen (niños,
cocina e iglesia). Hay que imaginar como se sentiría un buen nazi
en una sociedad como la norteamericana, que domina el planeta más
que cualquier otro país, y en la que los judíos, homosexuales,
disminuidos y africanos de origen tienen todos los derechos; los socialistas
son, al menos en principio, tolerados, y las mujeres ocupan puestos de
trabajo en cifras récord.
Thomas Jefferson
afirmó que una democracia no era un régimen práctico
si los ciudadanos no estaban educados para ello. Por mucha protección
que la gente pueda tener en la Constitución y en las leyes, Jefferson
pensaba que siempre habría una tentación en los poderosos,
los ricos y los faltos de escrúpulos de minar el ideal de un Gobierno
otorgado por el pueblo y dirigido por él. El antídoto a esto
es el apoyo vigoroso a la expresión de puntos de vista, alfabetismo
y cultura generalizados, debates positivos, una común familiaridad
con los pensamientos críticos y escepticismo en los pronunciamientos
de los que tienen autoridad hasta que no demuestran sus buenas intenciones,
que es, además, el eje central de los métodos científicos.
Revelaciones científicas
Cada rama de la ciencia ha experimentado
espectaculares avances en el siglo XX. Los más profundos fundamentos
de la física han sido revolucionados por las teorías especial
y general de la relatividad y las nuevas leyes de la mecánica. Ha
sido el siglo en el que la naturaleza de los átomos -con protones
y neutrones componiendo un núcleo central y rodeados de una nube
de electrones- se comprendió por primera vez; cuando los componentes
que constituyen los protones y neutrones fueron apreciados primeramente
y cuando una multitud de exóticas partículas elementales
de corta vida se mostraron ante la administración de aceleradores
de energía y rayos cósmicos. La fisión y la fusión
han hecho posible la consecución de las armas nucleares, las centrales
de energía de fisión (un avance de inciertos beneficios)
y la perspectiva de centrales de energía de fusión. La comprensión
de la decadencia de la radiactividad hizo posible conocer la edad de la
Tierra (unos 4.600 millones de años) y el tiempo de origen de vida
en el planeta, hace unos 4.000 millones de años.
En geofísica
se descubrieron las capas tectónicas, una especie de cinta transportadora
que lleva con sus movimientos de la vida a la muerte bajo la corteza terrestre
y que se mueve a un promedio de una pulgada al año. Las capas tectónicas
son esenciales para estudiar y comprender la naturaleza e historia de la
composición y topografía del fondo de los mares. Ha emergido
un nuevo campo de geología planetaria en la que las formas externas
y el interior de la Tierra pueden ser comparadas con las de otros planetas
y sus lunas, y la química de las rocas de otros mundos -determinada
bien remotamente o bien por traer muestras a nuestros laboratorios, logradas
por las naves espaciales o por la caída de meteoritos que ahora
se reconoce pertenecen a esos mundos- puede ser comparada con la composición
de las rocas terrestres.
La sismología
ha sondeado la estructura del interior profundo de la Tierra y ha descubierto
bajo la corteza terrestre una capa semilíquida, un centro de hierro
líquido y otro sólido más abajo, todo lo cual debe
ser explicado si deseamos conocer el proceso de formación de nuestro
planeta. Algunas extinciones de vida en el pasado pueden ser comprendidas
ahora ante la evidencia de innumerables bocas volcánicas que emergían
en la superficie y generaban mares de lava que cubrían lo que hasta
entonces era tierra sólida. Otras destrucciones de tierra potencialmente
habitable se debían al impacto de grandes cometas o asteroides cercanos
a la Tierra que incendiaban los cielos y cambiaban el clima. En el siglo
próximo, como mucho, estaremos en condiciones de hacer un inventarío
de cometas y asteroides y ver si alguno de ellos tiene nuestro nombre.
Un hecho de celebración
científica es el descubrimiento de la naturaleza y función
del ADN, la molécula clave responsable de la herencia genética
en los humanos y en la mayoría de las plantas y animales. Hemos
aprendido a leer el código genético y hemos podido realizar
mapas de un buen número de organismos en los que se detallan los
genes, conociendo las funciones que tienen a su cargo. Los expertos genéticos
están en el buen camino para hacer un mapa del genoma humano, lo
que representará un acontecimiento de extraordinaria importancia,
con un enorme potencial, tanto como para lo bueno como para lo malo. El
aspecto más significativo de la historia del ADN es que el proceso
fundamental de la vida puede comprenderse en términos físicos
y químicos. No parece estar implicada en el proceso una fuerza vital
sobrenatural, un espíritu, un alma. Como en neurofisiología,
la mente parece ser la expresión de millones y millones de conexiones
neuronales en el cerebro más alguna química simple.
La biología
molecular permite ahora comparar dos especies, gen por gen, bloque molecular
por bloque molecular, para descubrir el grado de relatividad. Estos experimentos
han demostrado la profunda similitud de todos los seres de la Tierra y
han confirmado las relaciones generales previamente encontradas en la evolución
de la biología. Por ejemplo, los humanos y los chimpancés
comparten el 99,6% de sus genes activos, confirmándose así
que los chimpancés son nuestros parientes más próximos
y que compartimos con ellos un reciente ancestro común.
Conducta y lenguaje
En el siglo XX, por primera
vez, los investigadores han vivido con otros primates, observando cuidadosamente
sus conductas en sus hábitat naturales y descubriendo muestras de
compasión, previsión, ética, técnicas de caza,
peleas de grupos, políticas, manejo de herramientas, manufacturas,
nacionalismo rudimentario y muchas otras características que, en
un principio, se creían únicas del hombre. El debate sobre
la habilidad de los chimpancés sobre el lenguaje todavía
continúa bajo estudio. Pero hay un bomobo (chimpancé enano)
en Atlanta llamado Kanzi que usa con facilidad un lenguaje simbólico
de varios centenares de caracteres y que es autodidacto en la fabricación
de algunas herramientas.
Muchos de los
más resonantes avances en química están conectados
con la biología, pero debo resaltar uno que posee la más
amplia significación: se ha comprendido la naturaleza de las conexiones
químicas, las fuerzas que, en física cuántica, determinan
qué átomos están dispuestos a unirse con otros átomos,
hasta qué punto y cuál es su configuración. También
se ha sabido que la radiación aplicada en unas no inverosímiles
atmósferas primitivas de la Tierra y otros planetas genera aminoácidos
y otros componentes necesarios para la vida. Se ha hallado en los tubos
de ensayo que los ácidos nucleicos y otras moléculas se reproducen
por sí mismos y reproducen sus mutaciones. Todo esto ha llevado
a que se obtuviera en el siglo presente un sustancial progreso hacia la
comprensión del origen de la vida. La mayor parte de la biología
puede reducirse a la química, y la mayor parte de ésta, a
la física. Esto todavía no es completamente cierto, pero
el hecho de que exista una porción de certeza es el acontecimiento
más importante en los esfuerzos por conocer la naturaleza del universo.
La física
y la química, ayudadas por los más poderosos ordenadores
sobre la Tierra, han tratado de entender los problemas y características
del clima y la circulación general en la atmósfera terrestre.
Estos poderosos medios se usan para evaluar las futuras consecuencias de
las continuas emisiones de CO2 y otros gases a la atmósfera. Mientras
tanto , y de manera más sencilla, los satélites meteorológicos
permiten efectuar predicciones del tiempo con varios días de adelanto,
ahorrando miles de millones de dólares en pérdidas de cosechas
cada año.
Al principio del
siglo XX, los astrónomos estaban anclados en el fondo de un océano
de aire turbulento y desistieron de seguir buscando mundos distantes. Pero
al final del siglo, los grandes telescopios permiten otear desde la órbita
de la Tierra todos los cielos, con rayos gamma, rayos X, luz ultravioleta,
rayos infrarrojos y ondas de radio.
La primera transmisión
de radio de Marconi a través del océano Atlántico
sucedió en 1901. Ahora podemos mantener comunicaciones por radio
con cuatro naves espaciales detrás del límite conocido de
nuestro sistema solar y escuchar las emisiones naturales de radio desde
distancias de 8 a 10.000 millones de años luz, así como el
llamado fondo negro de radiación, que son los residuos radiactivos
del Big Bang, la vasta explosión que comenzó la actual configuración
del universo.
Se han lanzado
naves espaciales exploradoras para estudiar 70 mundos y han aterrizado
en tres de ellos. El siglo ha visto la casi mítica aventura de enviar
12 seres humanos a la Luna y traerlos sanos y salvos, con cerca de cien
quilos de rocas lunares. Naves robot han confirmado que Venus, debido a
un masivo efecto de invernadero, tiene en su superficie una temperatura
de casi 900 grados Fahrenheit; que hace 4.000 millones de años,
Marte tenía un clima parecido a la Tierra; que moléculas
orgánicas caen sobre la luna de Saturno, Titán, como un maná
del cielo, y que los cometas están hechos de al menos un cuarto
de materia orgánica.
Una vasta galaxia
Cuatro de nuestras naves espaciales
están todavía en camino de las estrellas. Se han descubierto
recientemente otros planetas alrededor de éstas. Se ha revelado
que nuestro Sol está en un extremo remoto de una vasta galaxia compuesta
por unos 400.000 millones de otros soles. Al comienzo del siglo se creía
que la única galaxia era la Vía Láctea, y ahora que
pueden existir 100.000 millones de otras, rotando una sobre otra porque
son los remanentes del Big Bang. Se han descubierto exóticos habitantes
del zoológico cósmico, que no podían ser ni soñados,
incluso al final del siglo, como púlsares o agujeros negros, cuya
observación a distancia puede desentrañar los misterios de
las más complicadas preguntas que se hacen los humanos acerca del
origen, la naturaleza y futuro del entero universo.
Quizá el
subproducto más impactante de la revolución científica
ha sido hacer tambalear muchas de nuestras más queridas y arraigadas
creencias. El cuidado proscenio antropocéntrico de nuestros antepasados
ha sido reemplazado por un universo frío, inmenso, indiferente,
en el que los humanos están relegados a la oscuridad. Pero yo puedo
ver en todo el proceso el surgimiento en nuestras conciencias de un universo
de una magnificencia, de un elegantemente intrincado orden, más
allá de todo lo que nuestros antepasados podían imaginar.
Y si se entiende el universo como un simple conjunto de leyes naturales,
los que creen en Dios pueden atribuir esas maravillosas leyes a una razón
divina que preside toda la naturaleza. Mi propio punto de vista es que
es mucho mejor entender el universo como realmente es que pretender el
universo que nosotros deseamos que sea.
El que nosotros
adquiramos la suficiente comprensión y sabiduría para entender
las revelaciones científicas del siglo XX habrá de ser el
mayor desafío del siglo XXI.
Sagan, científico e intelectual
EL PAÍS
El astrónomo y divulgador
científico estadounidense Carl Sagan nació en Nueva York
el 9 de noviembre de 1934 en el seno de una familia de origen ruso. La
temprana lectura de los relatos de ciencia-ficción de E.R Burroughs
y de Isaac Asimov contribuyó a despertar el interés de Carl
Sagan por otros mundos. Tras doctorarse en Astronomía y en Física
por la Universidad de Chicago, alcanzó muy pronto reputación
científica por sus investigaciones sobre Venus y Marte. Su teoría
sobre la elevada temperatura de Venus, planteada cuando aún era
muy joven, fue confirmada posteriormente por las naves espaciales soviéticas.
Ha enseñado astronomía en Harvard, Berkley y en la Universidad
neoyorquina de Cornell y ha colaborado en los proyectos tecnológicos
que hicieron posible que el hombre llegara al espacio en los años
setenta. Pero la pasión prioritaria de Sagan es la exobiología,
nombre con que designa la investigación científica de formas
de vida extraterrestre, debido a su firme creencia de que el hombre no
es el único ser racional que habita en cosmos.
Su entusiasmo
por la razón y la ciencia y su necesidad de comunicar sin intermediarios
con el gran público lo han llevado a la divulgación científica.
Es autor de la serie televisiva Cosmos, que, producida por la empresa
Carl Sagan Productions con un presupuesto millonario, ha alcanzado gran
popularidad a nivel internacional. Uno de sus últimos descubrimientos,
fruto de una investigación realizada en 1995 junto con el investigador
Stanley F. Dermott, consiste en que en la superficie de Titán, el
satélite gigante de Saturno, se alternan continentes y lagos, lo
que supone una teoría alternativa a la visión más
extendida hasta ahora entre los especialistas que afirmaban que este satélite
estaba cubierto sólo por líquidos.
En 1979, Sagan
obtuvo el Premio Pulitzer por su obra Los dragones del edén,
en la que estudia la evolución de la inteligencia humana. Su tercera
mujer, Ann Druyan, astrónoma y novelista, ha colaborado en los libros
Cometa y Sombras de antepasados olvidados e inspiró
a Sagan la figura protagonista de Contacto.
Sagan tiene una
importante obra publicada:
Sombras de antepasados olvidados.
En colaboración con Ann Druyan. Barcelona, 1993.
Contacto, Barcelona
1986.
El frío y las tinieblas.
Obra colectiva. Madrid, 1986.
Cometa. En colaboración
con Ann Druyan. Barcelona, 1986.
Cosmos. Barcelona 1982.
El cerebro de Broca.
Barcelona, 1981.
Los dragones del edén.
Barcelona, 1980.
La conexión cósmica.
Barcelona, 1978.
Intelligent life in the
universe. En colaboración con I.S. Schklovski. San Francisco,
1966.
Todo este artículo ha sido sacado de
la pulbicación electrónica SUCCEDANI :
http://members.es.tripod.de/succedani/web.htm
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