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Danish Hamid, miembro de Rawa: "En Irak hay muchos
paralelismos con Afganistán"

 

Danish Hamid es afgana, tiene 27 años y es miembro de la Asociación de Mujeres Revolucionarias de Afganistán (RAWA), una veterana organización independiente, política y social afgana reconocida en todo el mundo por su trabajo de defensa de los derechos de las mujeres y por su denuncia incesante de todas las formas de fundamentalismo. Vive refugiada en Pakistán y estos días está en España, invitada por las asociaciones Sodepau y Akwaba a dar testimonio de su trabajo y posicionamiento ante el contexto internacional actual. Su mensaje es rotundo, y transmite la indignación de todos los pueblos oprimidos que a lo largo de la historia se han sentido instrumentalizados por los intereses dominantes para luego ser olvidados por el mundo.

P: ¿Qué cambió en Afganistán después de los atentados del 11 de septiembre?
R: Antes del 11 de septiembre, Afganistán era un país olvidado. Nadie hablaba de los talibanes ni de la represión que sufría el país desde hacía más de veinte años. De repente, los Estados Unidos se dieron cuenta de que el último gobierno títere al que habían financiado y apoyado para salvaguardar sus intereses en la zona se les había vuelto en contra, así que empezaron a denunciar la tiranía del régimen y la violación de los derechos de las mujeres para justificar el posterior bombardeo y derrocamiento del poder talibán.

P: ¿Y después?
R: Los Estados Unidos bombardearon Afganistán. Se perdieron vidas inocentes, muchas más que en la atrocidad del 11 de septiembre. Y se impuso otro gobierno títere. Para la desesperación de la población civil afgana, los talibanes fueron sustituidos por los terroristas Jihadi de la llamada Alianza del Norte, con quienes comparten ideología y credo. Se trata de los mismos fundamentalistas que entre 1992 y 1996 se mantuvieron en el poder ejerciendo una política de terror, pero esta vez han reaparecido disfrazados con americana y corbata. No existe democracia, paz ni estabilidad en el país, y la situación de extrema pobreza en la que viven la mayoría de las personas no ha cambiado en nada.

P: ¿Ha mejorado la situación de las mujeres desde entonces?
R: Las mujeres se sienten tan inseguras como en el pasado, y la violencia sexual contra ellas se ha multiplicado. Ahora la burka -tipo de túnica para las mujeres que las cubre de cabeza a los pies-- ya no es obligatoria, y teóricamente las mujeres pueden volver a trabajar e ir a la escuela, pero a la práctica, el terror y la inseguridad imperantes hacen que sigan acatando las normas y prohibiciones impuestas por los talibanes, especialmente en las zonas rurales más pobres.

P: ¿Por qué la población civil afgana no se rebela contra sus dirigentes?
R: ¿De dónde va a sacar fuerzas la gente para rebelarse después de 25 años de horror y muerte contra los que poseen los dólares y las armas? En todos estos años muchas personas lo han perdido todo: su trabajo, sus tierras, a su gente querida. Han perdido incluso la esperanza. No tienen absolutamente nada para enfrentarse a un régimen fundamentalista que no quieren, ni tampoco tienen el apoyo internacional necesario para ello. La estabilidad política de un país sólo puede garantizarse si el cambio de gobierno es una decisión e iniciativa de su propio pueblo. La mayoría de afganos y afganas anhelan vivir en un Estado democrático y en paz. Pero los movimientos de oposición que defienden un Afganistán seguro, respetuoso con los derechos humanos y laico han sido silenciados e ignorados por la comunidad internacional. Todas las intervenciones de los gobiernos occidentales en el país, especialmente las de los Estados Unidos, han tenido como prioridad la defensa de sus propios intereses, no la voluntad o los derechos del pueblo afgano.

P: ¿La historia se repite en Irak?
R: En Irak hay muchos paralelismos con Afganistán: un pueblo sometido a un dictador que no quiere y que hasta ahora se ha mantenido en el poder gracias a la complicidad de distintas potencias extranjeras; una zona de gran interés geopolítico y económico para los Estados Unidos, que además pretenden reforzar su hegemonía mundial y demostrar que son ellos quienes controlan el mundo… El pueblo iraquí también ha sufrido hasta el límite los crímenes del régimen de Sadam. Pero esto no significa que quiera que sean los Estados Unidos y sus aliados quienes lo salven y menos aún mediante una agresión militar que sólo causará más víctimas entre la gente más pobre y oprimida. Sadam sobrevivió a la guerra del Golfo en 1991, pero los bombardeos causaron la muerte de decenas de miles de iraquíes inocentes. La guerra contra el terrorismo en nombre de la democracia es, como en Afganistán, la excusa para el ataque. Si los Estados Unidos creen que Sadam es una amenaza para la paz y la seguridad, ¿por qué apoyan a Israel, que tiene armas atómicas y es el verdugo del pueblo palestino?

P: ¿Cuál es el mensaje de Rawa al mundo en estos tiempos de incertidumbre que corren?
R: Los Estados Unidos, autoerigidos en defensores de la democracia, están haciendo oídos sordos a millones de voces contra la guerra en todo el mundo, igual que sus aliados, el gobierno británico y español. Desde Rawa y en nombre del pueblo afgano queremos hacer pública nuestra solidaridad con todos los movimientos y personas que quieren la paz en y unir nuestra voz a la de todos los que gritan no a la guerra. Y queremos recordar que la verdadera amenaza para la paz y la seguridad en el mundo es el fundamentalismo. Muchas potencias, algunas de ellas occidentales, han creado, armado, entrenado y encumbrado en el poder a grupos fundamentalistas en otros países con el objetivo de aumentar su influencia exterior, sin importarles nada el terror y las violaciones sistemáticas de los derechos humanos sobre sus poblaciones. Pero han empezado a ser víctimas de su violencia, de la violencia que ellos mismos han fomentado. Sus protegidos fundamentalistas se les han vuelto en contra. Desde su creación, Rawa ha repetido una y otra vez que ningún gobierno debería ser cómplice de estos regímenes, y que la primera condición para el establecimiento de la democracia y la justicia social es el derribo del dominio fundamentalista. En Afganistán, los fundamentalistas siguen en el poder con el beneplácito de los Estados Unidos, y el resto del mundo parece haberse olvidado de nosotros.


Carlota Franco