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Los líderes de Afganistán, Turkmenistán y
Pakistán han firmado un acuerdo marco para lanzar la
construcción del "gran gasoducto afgano", la principal
arteria de suministro energético que abastecerá el sur
de Asia desde el mar Caspio.
Con 1.460
kilómetros de longitud, el gasoducto conducirá el gas
desde los yacimientos turkmenos de Dovletabad-Donmez
hasta la terminal paquistaní de Multán, tras atravesar
en diagonal Afganistán, país al que este conducto puede
transformar su curso en una década.
El acuerdo
marco permitirá adelantar los trabajos para crear el
consorcio encargado de construir el gasoducto,
establecerá las condiciones para la libre conducción del
gas por los tres países y garantizará la seguridad de la
tubería.
El conducto es auspiciado por Estados Unidos, que de
esa manera verá cumplido su viejo sueño de tender ese
conducto energético por el que llegó incluso a negociar
con los integristas del Talibán a finales de la década
pasada. La protección de Kabul a Osama Bin Laden
echó por tierra el proyecto un año después.
Por otra parte, el intelectual
francés y experto en geopolítica, Sami Nair, este
gaseoducto constituye un pequeño ejemplo del plan
norteamericano para hacerse con el control de la
industria del petróleo y del sistema económico mundial.
En otras palabras: la guerra contra el terrorismo, según
Nair, es utilizada por el presidente norteamericano
George Bush para apropiarse de las fuentes energéticas
del mundo.
Ver también informe:
Eje del
mal
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